
El desierto no es un sitio vacio y sin vida, no es solo una preciosa imagen para el fondo de escritorio. El desierto no es solo arena, es mucho más.
Hace dos años cumplí mi sueño de atravesar el Sahara como lo hacían hace 40 años; me compre un viejo Land Rover, una brújula y conseguí unos mapas de papel. Pero perderse en el desierto Mauritano en el mes de Agosto a casi 50 grados es algo que hace plantearse muchas cosas sobre la vida. Pero ante una situación así hay que pensar, y echarse a llorar (aunque lo haces) no te saca de allí. Recuerdo mirar entre lágrimas las frases y dibujos que mi hija me había pintado en el interior del techo del coche. La recordaba y la pedía perdón por lo que podía ocurrirla...una vida cuidada por gente que terminaría por hacerla mucho daño. Bromas para afrontar la situación pensando que "Era más digno morir así, que de accidente en la M30".
En el desierto el calor no te deja pensar, y tienes sed permanente, bebes fácilmente más de 10 litros de agua al día que solo pierdes sudando. Por la noche no hay tregua...en Agosto el calor de la noche aunque baja, es insoportable. Aprendí a odiar al sol y a beber agua caliente. Aprendí que no sirve de nada un viejo mapa en un desierto de arena donde el aire hace bailar las dunas de un lado a otro y de lo que fuë un camino solo quedan unas rodadas que se pierden bajo la arena.
Recordaba al médico extremeño del hospital de Chinquetti al que entregue medicinas que llevaba de un hospital de Madrid y que nos regaló una increíble velada. Nos explicó la situación del país y nos avisó que si teníamos una emergencia era muy posible que nadie fuera a buscarnos.
El camino fué más complicado de lo esperado, con pistas inexistentes y muchas zonas de dunas que tenía que hacer caminando delante del coche para calcular que podía pasar sin hundirse. Las dunas son más blandas en función de dónde les da el viento y según las horas del día. Días de calor y arena, hasta llegar a una zona de extrema dificultad y decidimos que solos no podríamos salir de allí. Recordamos haber visto un camello a lo lejos a bastantes horas de coche. En el desierto un camello significa una persona y por tanto opciones de salir.
Fué muy dificil intentar sacar el coche de la zona donde nos habíamos embarcado. El desierto en estado puro no es dificil, siempre puedes encontrar una huella a la que seguir. El desierto arañado por los cientos de ruedas que muestran la presencia del Rally Paris-Dakar supone una confusión tal, que es muy dificil encontrar hasta las propias huellas. Nos encontrábamos en una zona de gran dificultad a las que llega el Dakar para dar espectáculo, con fuertes bajadas y dunas trampa.
Intentamos retornar sin mucho éxito y nos echamos a dormir. Al día sig
También nos recibieron una especie de chinches y la imagen de un niño enfermo al que me entregaban para que curara sus heridas. Solo había mujeres y en un rato estábamos con madres y niños compartiendo "hogar". Había dos bebes de meses y sus madres se empeñaban en ponérmelos a darles el pecho, no entendían que yo no tuviera leche y como entenderse era muy difícil, me tuve que estrujar la teta hasta el dolor para demostrar que de allí no salía nada.
Los bebes estaban desnudos y del roce con la arena tenían los genitales hinchados y muy sucios. No paraban de llorar, y era de hambre. El principal trabajo de las madres consiste en consolarlos con cualquier cosa que pueda engañar al hambre. Los ponían a cada rato a los pezones y cuando se cansaban de chupar y lo que conseguían no era suficiente para saciarlos, les dieron el resto de té de nuestros vasos rebajados con agua y me llamo la atención que les metían dátiles secos que los niños chupaban.
Les acompañamos en la comida. Por su puesto yo no pude estar en la haima con los hombres. Ellos son los primeros que comen y las sobras las llevan a la jaima de las mujeres. Ellos por mucha hambre que tengan mantienen la educación, pero en el caso de los niños no es así. Lo que viví aquellos minutos fue impactante. Madres y niños disputándose las sobras de los hombres, comiendo con aquellas manos tan sucias y con ese ansia, gatos recibiendo golpes de los niños al intentar llegar a la cazuela y también pegándose entre ellos para conseguir los restos de los huesos que los niños iban tirando. En un momento no quedaba nada. Las mínimas sobras "restos de granos de arroz" se las repartieron las ovejas que relamiendo el cuenco lo dejaron limpio para la siguiente ocasión.
(Intento cargar el video de la cabra y no puedo, lo intento aparte)

La sobremesa fue también curiosa ya que necesitábamos llevarnos a alguno de los hombres como guía para atravesar la zona de dunas difíciles. Después de mucho tiempo, tensión y un bastantes ouguiyas conseguimos que fuera el abuelo el que nos acompañara.
Este tramo del viaje fue una auténtica aventura.
Comer en mauritania es un acto de valor. Los restaurantes son curiosos, se trata de hoteles-restaurante ya que no hay sillas sino colchones donde después de comer te tumbas a echar la siesta o a dormir hasta el día siguiente. No necesitan nevera ya que suele haber un par de cabras atadas y si quieres comer, en un abrir y cerrar de ojos, se han cargado al animalito y lo estan partiendo a
trozos. Tampoco usan cubierto porque comen con el "bolo", que consiste en coger con la mano la comida resobetearla en la mano dádola vueltecitas y con el dedo gordo a modo de palanca van comiendo trocitos.
Despedida.
1 comentarios:
Pues sí, como la vida misma. De todos modos pienso que de manera figurada a nadie le hace feliz vivir permanentemente en un desierto. La soledad es terrible para quien no la desea y controlada para quien la eligió de manera voluntaria. El ser humano es social por naturaleza: aquí, en Mauritania o en cualquier isla del Pacífico.
Las distintas corrientes antropológicas distinguen entre dos visiones de cualquier asunto cultural -como el ritual de la cabra-: el punto de vista del autóctono y el punto de vista del forastero. Nos es difícil concebir cualquier hecho ajeno a nuestra cultura y a ellos les es igualmente difícil concebir nuestra propia visión del hecho. Si nosotros somos los “invitados”, pienso que hacemos bien guardándonos cualquier juicio de valor... y ya después, en casa, podremos hacer todas las meditaciones oportunas y posterior crítica, pero siempre con el debido respeto que impone la diferencia sociocultural.
Siempre me pregunté cómo ven estos pueblos a los “locos europeos”. Quizás ya estén acostumbrados y periódicamente reciban extranjeros que cruzan el desierto sin ningún porqué entendible para ellos, pero con esa esperanza de salvar a los suyos con cierta ayuda aparecida en forma de jeep.
El mundo está globalizado, pero aún hay mucho por conocer. Ha sido una vivencia inolvidable para ti y reflexiva para quien te lee. Besosss, Arena
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